Jesús Quintero
Periodista, entrevistador y referente de la escucha profunda
Jesús Quintero convirtió la entrevista en un espacio de presencia, silencio y verdad. No fue un periodista en el sentido canónico, sino un artista de la entrevista situado en la frontera del psicoanálisis y el arte dramático. Su forma de escuchar sigue siendo una referencia viva para el acompañamiento terapéutico, el desarrollo personal y cualquier vínculo humano que necesite profundidad, atención y respeto por el ritmo del otro.
San Juan del Puerto, Huelva (1940) — Ubrique, Cádiz (2022)
Jesús Quintero hizo de la escucha una forma de dignidad. Utilizó el micrófono como un diván nocturno donde la palabra y el silencio pesaban lo mismo. En una España que despertaba de la dictadura a una democracia neonata, se erigió como el espejo donde una sociedad fragmentada podía reconocerse. Desde su propia vulnerabilidad, ofreció un salvavidas a los náufragos de la noche, otorgando la misma dignidad al aristócrata que al presidiario.
Una forma única de escuchar
Jesús Rodríguez Quintero nació en agosto de 1940 en San Juan del Puerto, Huelva. Creció en una España de posguerra y desde muy temprano desarrolló una sensibilidad especial hacia la voz, la palabra y la presencia del otro.
Lo escuché por primera vez siendo adolescente, por las noches, en Radio Guadalquivir, una emisora de Sevilla. Aquella escucha nocturna fue una de mis primeras experiencias de lo que más tarde reconocería como presencia: alguien que estaba ahí, sin invadir, creando un espacio donde algo verdadero podía aparecer.
Sus primeros pasos profesionales estuvieron ligados a la radio. Trabajó en Radio Popular de Huelva y más tarde en Radio Nacional de España en Sevilla y Madrid. Con el tiempo fue creando un estilo inconfundible, alejado del periodismo acelerado y del espectáculo vacío.
Programas como El loco de la colina, El hombre de la roulotte y El perro verde transformaron la manera de entrevistar en España. Quintero no buscaba solo respuestas. Buscaba algo más difícil: que la persona entrevistada pudiera encontrarse consigo misma mientras hablaba. Ordenaba la realidad en lo que llamaba «carpetas de vidas» —poetas, locos, políticos, marginados—, un caos organizado que abarcaba todas las contradicciones de la condición humana.
A lo largo de su trayectoria realizó miles de entrevistas a figuras conocidas y a personas anónimas. Lo que las hacía memorables no era solo el invitado, sino la atmósfera que él creaba: silencios largos, preguntas precisas, pausas reales y una atención poco común. Falleció en 2022, dejando una huella muy singular en la cultura española.
La radio es un salvavidas que se arroja al oscuro mar de la noche para que no se ahoguen los náufragos.
Cinco claves de su legado
Cinco rasgos de su forma de estar que siguen siendo una referencia viva para el acompañamiento terapéutico.
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Quintero comprendió que el silencio no es ausencia ni vacío. Es espacio. Superó el horror vacui y convirtió la pausa en una destreza comunicativa. Sus silencios permitían que algo más verdadero emergiera sin prisa y sin obligación de llenar cada hueco con palabras.
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No entrevistaba para lucirse. Escuchaba de verdad. Su presencia dejaba al otro en el centro y convertía cada conversación en una experiencia de atención, respeto y profundidad.
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Dio voz a quienes no tenían sitio en otras estanterías: prostitutas, presos, drogadictos y colectivos LGTBI en los años 80. Entrevistaba con igual fascinación a Borges, a El Lute o a un desconocido. Democratizó el interés humano bajo la premisa de que nada de la tierra le era ajeno.
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Quintero no se ocultaba tras una fachada de omnipotencia. Admitió públicamente su depresión, sus estancias psiquiátricas y su fragilidad. Esa honestidad creó un vínculo indestructible con una audiencia que también se sentía «mal de la azotea».
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Sus preguntas descolocaban con una gentileza precisa. Buscaba la esencia del ser por encima del currículum o del éxito profesional. Cada pregunta era una invitación a encontrarse.
Interioridad, sufrimiento y trabajo psíquico
Quintero no solo escuchaba el dolor ajeno. Habitaba el propio.
El loco de la colina nació como una terapia personal nocturna tras su paso por el sofá del psicoanalista. Fue precisamente esa experiencia como analizando —ser escuchado sin juicio, habitar el silencio, sostener la incertidumbre— la que le enseñó a escuchar de verdad. Lo que aprendió tumbado en el diván lo trasladó al micrófono: la paciencia, la atención flotante, el respeto por el ritmo del otro. Su cualidad de escucha no fue solo un talento innato; fue una destreza forjada en su propio proceso terapéutico.
En 1986 atravesó una crisis profunda. Admitió estar «mal» y que el micrófono ya no le curaba. Salió de la SER para «caminar hacia dentro». Declaró haber estado cinco o seis veces en instituciones psiquiátricas, llegando a realizar programas desde allí para normalizar la locura.
El personaje de «El Loco» no era solo un nombre. Era una identidad arquetípica que le permitía explorar su sensibilidad extrema sin ser destruido por el juicio social. Su capacidad de escucha profunda emanaba directamente de su propia vivencia de la noche oscura del alma. Conectaba con los marginados porque compartía con ellos la condición de náufrago en una sociedad que solo valoraba el éxito y la cordura aparente.
Busca lo que no se escucha.
Programas emblemáticos
Los espacios que transformaron la manera de entrevistar en España.
Ratones colorados — Su última etapa en televisión, manteniendo la misma atención y el mismo respeto por la palabra.
El loco de la colina
El espacio que marcó una época. Nacido como terapia nocturna personal, se convirtió en el programa que transformó la radio española.
El hombre de la roulotte
Un formato íntimo y singular donde la entrevista se volvía encuentro. Quintero recorría España con su roulotte, llevando el micrófono al territorio del otro.
El perro verde
Programa televisivo que consolidó su estilo ante una nueva generación de espectadores.
La Colina del Loco. Radio Invento
Lo que Jesús Quintero aporta al acompañamiento terapéutico
La forma de estar de Jesús Quintero recuerda algo fundamental para cualquier proceso de terapia o autoconocimiento: no siempre hace falta intervenir más. A veces hace falta escuchar mejor.
En un proceso de acompañamiento terapéutico, su legado puede ayudar a:
comprender que la escucha profunda ya es en sí misma una forma de sostén
valorar el silencio como un espacio donde puede aparecer lo que todavía no tiene palabras
reconocer que la presencia sin juicio favorece más verdad y menos defensa
respetar los tiempos de procesamiento emocional del otro, huyendo de la prisa por intervenir
priorizar la verdad emocional sobre el dato —el sentir sobre el interpretar—
recuperar una forma más humana de encuentro, menos directiva y más abierta a lo que emerge
entender que la sublimación del dolor puede devolver el sufrimiento como amor o arte —lo que Cristina Peri Rossi llamó «alquimia superior»—
Mi vida ha sido eso: preguntar.
Por qué Jesús Quintero sigue siendo una referencia en mi trabajo
Jesús Quintero fue uno de mis primeros maestros sin saberlo. Lo escuchaba de adolescente por las noches en Radio Guadalquivir, en Sevilla, y algo de su forma de estar se quedó en mí antes de que pudiera nombrarlo.
Quintero encarna una cualidad profundamente valiosa en cualquier camino serio de desarrollo personal: la capacidad de estar con el otro sin invadirlo. Su manera de entrevistar mostraba que la presencia puede ser más transformadora que la prisa, la técnica o la necesidad de obtener respuestas inmediatas.
Esta sensibilidad resuena con el núcleo de la Terapia Esencial y del Modelo Terapéutico de Autodesarrollo: crear las condiciones para que la persona pueda escucharse a sí misma con más verdad y menos miedo. No reparar nada desde fuera, sino facilitar un espacio donde el propio sistema recuerde cómo sanarse.
Su vulnerabilidad compartida también enseña algo esencial: que la herida propia, cuando se integra, se convierte en la fuente más legítima de empatía. Y en el trabajo psicocorporal y en la práctica clínica con trauma, su legado recuerda algo sencillo: cuando alguien se siente realmente escuchado, algo empieza a aflojarse por dentro. El cuerpo suelta. El sistema nervioso se regula.
Formas de acompañamiento para encontrarte contigo de otra manera
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Terapia Esencial
Acompañamiento terapéutico individual
Sesiones para trabajar trauma, ansiedad, bloqueo e integración emocional desde un enfoque profundo y corporal.
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Brainspotting
Trabajo profundo con trauma
Una evolución del EMDR y una vía de acceso precisa a experiencias que quedaron activas en el sistema y necesitan procesamiento e integración.
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Movimiento Esencial
Proceso psicocorporal en grupo
Un espacio donde el cuerpo, el grupo y el movimiento permiten acceder a lugares a los que a veces la palabra sola no llega.
Alice MillerTrauma infantil y verdad del cuerpo
Antonio BlayAutorrealización y desarrollo personal
Byron KatieThe Work y autoindagación
Edward BachFlores de Bach e integración emocional
Bruce LeeJeet Kune Do, presencia y autodesarrollo