No "Hay que tomar a los padres"
"Hay que tomar a nuestros padres". "Hay que honrar a nuestros padres". Llevo años escuchando estas frases en el ámbito terapéutico. Y por mi propia experiencia — como paciente y como terapeuta — creo que hacen más daño del que curan.
El mandamiento que enferma
De entrada, "honrar a los padres" nos remite al mandamiento religioso que tanto daño ha hecho: obliga a honrar a unos seres por el hecho de haberte engendrado, independientemente del trato que hayas recibido de ellos.
Ya Freud tuvo problemas cuando sugirió que ciertas psicopatologías tenían como origen los traumas causados por los propios progenitores. Después de él, Alice Miller fue la primera en hablar abiertamente de las consecuencias de seguir esta creencia a ciegas.
Mi experiencia
Empecé mi proceso terapéutico y formativo en 1999. Conocí a Joan Garriga en un retiro. A Hellinger en su primera visita a Sevilla en el 2000. Como muchos de los que estábamos en aquel residencial, "lo tomé". Participé en todos los talleres, encuentros y formaciones durante años.
Hasta que en 2010 viví experiencias que me abrieron los ojos: tras más de una década de terapia, supervisión y formaciones supuestamente de alto nivel, yo nunca había trabajado el maltrato y el abuso recibido de mis progenitores.
No porque no lo hubiera sacado en terapia. Sino porque los terapeutas salvaban a mis padres.
Me sentí constantemente juzgado, culpado, humillado. Igual que cuando era pequeño. Como todos los niños maltratados, cargaba con la responsabilidad de lo que había recibido.
Lo que realmente sana
Desde mi enfoque, el proceso consiste en ser consciente de que somos consecuencia del trato que recibimos de padres y otros cuidadores. La mayoría vivimos con estrés postraumático como consecuencia de ese trauma de desarrollo, cuyo nivel depende del grado de maltrato recibido.
Para mí, no hay que tomar a los padres. Hay que aceptar lo que nos ocurrió y comprender que ellos fueron tratados aún peor, porque somos una especie en evolución.
La solución no es tomar ni perdonar — aunque el perdón siempre viene bien si se da de forma natural, sin forzar — sino crear interiormente a esos padres que no tuvimos: reparentizarnos.
El papel del terapeuta
La función del terapeuta es desempeñar esos roles que faltaron. Acompañar al cliente hacia un darse cuenta de todo lo descrito. Ayudarle a encontrar estabilidad interna. Sostenerle mientras confronta el duelo de lo que no tuvo.
No salvar a los padres. Acompañar al niño que sigue esperando dentro.
